Podríamos interpretar el metaverso como una constelación o ecosistema emergente de realidades virtuales persistentes e interactivas interconectadas, que trasciende la mera extensión tecnológica para plantear interrogantes sobre la naturaleza de la identidad, la existencia y la interacción humana.
Al observar la irrupción de los avatares como proyecciones de nuestro yo en estos entornos digitales, nos vemos ante la necesidad de una revisión más filosófica, con el fin de desentrañar las capas de significado que componen esta nueva forma de ser y de relacionarse. Por ejemplo, ¿son estos “yoes» digitales meras representaciones superficiales o, como diría Nick Bostrom, estamos ante un posible escenario de simulación que difumina los límites de lo real y lo virtual (2003)?
También surgen otras preguntas como ¿son los avatares necesariamente representaciones virtuales del ser o la oportunidad aspiracional de conseguir otra identidad? (Sidorenko, 2025). La cuestión de cómo las distintas generaciones conciben y usan sus avatares se convierte así en un espejo de sus comprensiones ontológicas y epistemológicas.

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