Quibi, cuando lo vertical y efímero no funciona

El contexto

Hablar de una década en el ámbito tecnológico es como referirnos a un siglo en términos sociales. Resulta tan lejano como difícil de recordar y comprender muchas veces.

Pues bien, hace menos de una década prevalecía la idea (aún presente en algunos ámbitos) que por estar en internet, los contenidos debían ser de libre acceso y gratuitos, indiferentemente de su naturaleza.

En aquel icónico año 2000, Napster propuso la idea de poder acceder a la música en formato digital y de manera libre, aboliendo el modelo de contraprestación en metálico que imperaba -como con cualquier otro producto- sobre el soporte en físico que para ese momento era el CD.

Napster | Fuente: BBC

Ya conocemos el desenlace de esa historia: disqueras y artistas se querellaron contra Napster y su responsable por violar derechos de autor y contratos establecidos. La industria de la música comenzaría a lidiar con un importante quebradero de cabeza: la música a través de internet.

Con Napster fuera del juego empezaron a surgir otro tipo de programas y plataformas para acceder a contenido multimedia de manera gratuita, a expensas de los riesgos cibernéticos que ello albergaba (no solo judiciales, sino por nuevos flagelos como delincuentes digitales, virus y programas maliciosos que buscaban robar información de los usuarios).

Tardamos casi una década en comprender que para acceder a buenos contenidos y preservar nuestra seguridad digital debíamos pagar, así como ocurría cuando visitábamos una discotienda. Por ello, Spotify contra todo pronóstico se ha erigido en este ámbito con un éxito irrefutable desde 2009, por encima de su competencia inmediata: Apple Music, Amazon Music, Deezer, Tidal, inclusive el propio Napster, y algún otro omitido sin intención.

Spotify | Fuente: El País

Lo mismo ocurrió con series y películas. Netflix, sobre la base de la versatilidad multidispositivo y la calidad de imagen, recobró a partir de 2008 la idea de pagar por lo audiovisual aunque estuviera en internet. 

Y como vemos, tuvieron que transcurrir unos cuantos años más hasta que esta nueva conciencia se impusiera de manera global. Una batalla que ahora libran otros creadores de contenidos y proveedores de información, como periodistas y medios, ya que ¿si pagamos por un periódico en un kiosko, por qué no hacer lo mismo por su versión digital que inclusive tiene más información amén de otro tipo de contenidos?

Otro elemento a tomar en consideración en cuanto a hábitos de consumo digital tiene que ver con los tiempos y el formato de los contenidos. 

Desde 2010 se viene llevando a cabo una revolución en torno a los contenidos en formato vertical, dado que los dispositivos móviles -en especial los smartphones- con los que interactuamos habitualmente, tienen esta disposición. Snapchat fue la primera plataforma social en plantear la creación de contenidos únicamente en esta orientación, con el agregado de que los mismos fueran consumidos de manera fugaz.

Snapchat | Fuente: Snap Co.

Para hacer la historia muy corta, nos referimos al desarrollo del formato ‘story’ que hoy con TikTok toma una forma un poco diferente, pues lo efímero no se plantea desde las veces que se pueden ver los contenidos, sino en la duración de estos, lo que exige una narrativa precisa, creativa y condensada.

Los adolescentes de hoy, esos que llamamos Generación Z, han forjado su comportamiento digital sobre estas premisas. No son llamados nativos digitales porque sepan dominar perfectamente todas las opciones que ofrece internet, no. Son nativos digitales porque el mundo que conocen está interconectado por internet de banda ancha e inalámbrico, lo que les permite además desarrollar conductas multidispositivo, y que evidentemente les impide prestar mucha atención a los contenidos. De ahí el éxito y tendencia de estos formatos cortos.

Y aunque los más jóvenes tienen un comportamiento social, profesional y de entretenimiento más centrado en lo digital, también es cierto que el resto de segmentos de la sociedad, cada vez más integramos los recursos digitales con el fin de facilitar tareas, optimizar procesos, divertirnos e informarnos.

¿Qué es Quibi?

Por todo lo dicho anteriormente, Quibi se presenta como la fórmula perfecta: una plataforma de video on demand (VOD) en formato vertical, con contenidos de producción propia que no superan los 20 minutos de duración. 

Quibi | Fuente: Tech Hive

Nace en Estados Unidos en el segundo trimestre de 2020, pero dura poco en expandirse en términos globales. Su creador y promotor es el ex director de los estudios Walt Disney, Jeffrey Katzenberg, quien también tiene como parte de su currículo haber creado los estudios Dreamwork, de los cuales recordaremos salieron películas exitosas y muy taquilleras como Gladiador o Minority Report.

El principal elemento diferenciador de esta plataforma es que ninguno de los servicios del extenso catálogo de VOD (Netflix, Hulu, Disney+, HBO, etc) ofrece algo parecido, por lo que la regla de oro de la innovación y el emprendimiento se cumple. En resumen, tenemos una plataforma que ofrece series y películas en formato vertical y condensado para ser disfrutadas desde los dispositivos móviles ¿qué podría salir mal?

Como somos móviles, tenemos poco tiempo para dedicarle a las diferentes tareas que realizamos, y de allí que el podcast, por ejemplo, hoy tenga tanto éxito, pues se adapta a los momentos del usuario. Esto mismo persigue Quibi.

Quibi | Fuente: Digital TV Europe

¿Y por qué no tiene éxito?

Debemos entender que el despliegue de la plataforma se hace en plena pandemia mundial por COVID-19, que ha supuesto un cambio abrupto en la rutina de las personas. Con esto vale precisar que al modificarse los horarios y al no tener que salir a la calle, estas empezaron a tener otros momentos y otras necesidades de entretenimiento.

Durante el confinamiento los horarios han sido más distendidos, y aunque haya países donde se han producido desescaladas de este proceso, en toda América aún la situación es delicada y muchas personas se mantienen encerradas en sus hogares.

El podcast se ha recuperado parcialmente conforme algunos recobran rutinas, sobre todo laborales. Una propuesta como la de Quibi encaja a la perfección en esos momentos muertos mientras vamos en transporte público, estamos en una sala de espera o tenemos pequeños bloques de distracción a lo largo del día. Pero ese ritmo vertiginoso de vida aún es muy irregular.

Así, de la aspiración inicial de 7 millones de usuarios, las esperanzas de llegar a 2 son ahora el objetivo principal, lo cual supone el primer indicio de un panorama bastante desfavorable para esta nueva plataforma. Estas cifras obedecen al hecho que, de los 4 millones de usuarios que se suscribieron con la oferta inicial de 3 meses gratuitos, menos de la mitad se mantiene hoy suscrita.

Por otra parte, la oferta programática no destaca con respecto a su competencia que sí ha podido rentabilizar el confinamiento con nuevos lanzamientos ligados a personalidades, títulos y franquicias de éxito y renombre. Es fácil pensar que si estamos en la casa, es preferible además ver una película o una serie en la pantalla del televisor y de vez en cuando procrastinar con algún dispositivo móvil, porque sí, cada vez más somos multitaskinkg.

La propuesta de Quibi bloquea por completo la posibilidad de ser así, porque o vemos el contenido o interactuamos en redes sociales. Es un servicio pensado para momentos muy precisos de nuestra vida, que lamentablemente en este contexto no tenemos aún de regreso, y que peor aún, hay mucha incertidumbre al respecto.

Mientras esperamos ver cómo se asienta el mundo y la sociedad global después de los embates de lo que llevamos de año, los directivos de Quibi se han reducido los sueldos, van a reducir programación y todo apunta a que no cumplirán con las previsiones económicas planteadas. 

Sin duda se trata de una idea importante y trascendental en un «mundo pre-pandemia», porque además habría un escenario privilegiado para la publicidad y mensajes de otro tipo. En esta ‘nueva normalidad’ pareciera que de momento no hay cabida para una propuesta tan revolucionaria como esta. Y eso que solo han pasado 6 meses entre un «mundo» y otro, y apenas tres del lanzamiento de Quibi.

Sin duda la humanidad avanza hacia una digitalización veloz, pero los detalles de este proceso evolucionan en correspondencia a las variables externas, como por ejemplo, las circunstancias sanitarias actuales.

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